100 Días de Administración Solís Rivera: ¿El cincel con el que esculpirá una Nueva Patria?

Oscar Eduardo Apuy Villalobos

Colaborador

El discurso ya es más que conocido por todos, de él ya han hablado todos los politólogos y han hecho muchos programas en radio y televisión. De él se han hablado las debilidades y las fortalezas de estos primeros 100 días de Gobierno PAC ¿Qué más queda por decir sobre la rendición de cuentas de los primeros 3 meses del Presidente Solís?

            Queda prever la clase de gobierno que tendremos para los próximos años, a partir de las señales que nos dio el estilo de gestión y el liderazgo del presidente. Del cual, se puede prever una administración tratando de poner la casa en orden después del desastre dejado los últimos 20 años, pero también se denota un gobierno lento y débil para ejecutar e implementar políticas públicas beneficiosas para la colectividad. Se puede ver también un presidente amable y siempre dispuesto al dialogo, pero poco autoritario para poner a caminar al país y con una muy mala mano derecha en el Ministerio de la Presidencia, con demasiados errores de comunicación, que únicamente volverán impopular al gobierno: éste, el mayor de los peligros pues puede ser su propia guillotina de ingobernabilidad.

            Luis Guillermo nos dirigía las palabras “…muchos de quienes reclaman y predican el cambio no siempre comprenden sus alcances, ni tampoco aceptan los sacrificios necesarios para alcanzarlos…” y a su vez nos pedía “Déjenme gobernar”. Con estas palabras del señor presidente, los ciudadanos debemos hacer un ejercicio y ser parte también de esa rendición de cuentas (y también ser parte de las soluciones), de ese gobierno abierto y participativo que nos ofrecen nuestros gobernantes, que exigimos los ciudadanos y solo unos pocos aprovechamos.

            Es a partir de este ejercicio que uno debe preguntarse cuanto puede hacer uno para alcanzar los cambios necesarios para el desarrollo del país, y no es necesario ser un Presidente Ejecutivo o un Ministro para realizar grandes cambios, porque los cambios más importantes que requiere el país justo ahora están a nuestro alcance, y no son más que meros cambios en la cultura del trabajador, el empleado público, el usuario de servicios públicos, el ciudadano que muchas veces incurre en prácticas no muy correctas pero que se queja de la corrupción de la argolla que no lo tiene en su círculo.

            El Presidente necesita el apoyo de todos los sectores para poder enrumbar por el camino correcto a nuestra madre patria, desde el apoyo legislativo hasta el apoyo de los grupos comunales. Si Luis Guillermo tiene debilidades como gobernante no debemos nosotros acentuarlas, sino que por el contrario debemos convertirnos en su fortaleza ayudándole a gobernar. Así que no debemos darle el gusto “dejándole gobernar” porque nos quedemos callados y sumisos, debemos dejarle gobernar con nuestro apoyo y haciendo de sus puntos ciegos nuestros espacios de gobierno abierto, donde nosotros propongamos y solucionemos, empoderándonos de nuestras comunidades y sectores proactivamente, sin esperar a que el gobierno sea el que lo solucione todo. Porque si bien existen problemas que solo una directriz ejecutiva puede solventar, existen muchos otros problemas que solo pueden ser abarcados por la participación ciudadana, y de los problemas de corrupción que tienen a Costa Rica hundida, mucho ha sido culpa de la ciudadanía que se ha quedado dormida y no ha participado activamente.

            Entonces, después de estos 100 días –y demás años que usted tenga- ríndase cuentas a sí mismo y pregúntese que hace por su país. Seamos parte del cincel de Luis Guillermo, porque si su mano es débil para esculpir nosotros podemos ser buenas herramientas para crear una mejor escultura. El presente no se trata de diferencia de ideologías, y no importa cuántos errores ha cometido la actual administración (que esperamos que corrija); el presente se trata de cuanto podemos dar nosotros para marcar el cambio y se trata de sentirnos parte del gobierno, porque como dice el politólogo Claudio Alpizar “Un buen gobierno nos conviene a todos”.

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