¡Misericordia quiero!

¡Misericordia quiero!

alberto interna

Alberto Salazar Argüello

Gerente de El Florense

Hace más de dos mil años un “experto en la ley” (sacerdote o cura para nuestro tiempo) pregunto a Jesús ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Después de un intercambio de palabras el sacerdote le contesto “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”

Pareciera sencillo de comprender no hay mucho espacio para la interpretación, pero cuando vemos aptitudes excluyentes y hasta homofóbicas contra un Cristiano aceptado por la comunidad desde el momento del bautizo pareciera que todavía hoy algunos “reverendos o pastores indiferente mete de la religión a la que pertenezcan” no entienden esa palabras, ni las que el Maestro expreso en Mateo 9:13 “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos…” bueno aquí también debemos cuestionar si los que se rasgan las vestiduras son tan justos como aparentan o si más bien serán como el mismo Maestro los califico en Mateo 23:7 “hipócritas!, sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”

Pero bueno la idea con este editorial no es juzgar a nadie (ya vendrá el que es fiel y justo para juzgar a vivos y a aquellos que aunque caminan están muertos en su arrogancia), lo que pretendemos es que nuestra sociedad sea más respetuosa de la forma de vida que cada quien escoja, no en vano su Santidad el papa Francisco manifestó “quien soy yo para juzgar a un gay” si el representante de Cristo en la tierra no juzga y el Maestro de Galilea le dijo a la mujer adúltera “dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ni yo te condeno”.

Si ofendemos pedimos perdón a los fundamentalistas religiosos y a uno que otro que les gusta lucir su sotana pero desde nuestra humilde percepción de “laicos” cremos que los jefes hablan claro y nadie debe atribuirse el poder de excluir y mucho menos juzgar a nadie por su forma de vida. Deberían recordar estos “siervos” de Dios que con la vara que midan serán medidos, pero para que no nos tachen de publicar un editorial amparado fuertemente en las enseñanzas bíblicas mejor terminaremos utilizaremos una frase con un gran arraigo mundano “al que le cae el guante que se los plante”.

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