Historia del Cementerio de San Joaquín de Flores

Alcides Vargas Alvarado

Colaborador

En el 2003, con la ocasión de la visita proyectada por la Municipalidad de Flores, en conjunto con la Comisión Pro Mejoras en el Cementerio 2002-2006, conformada por regidores(as) y vecinos del cantón,  con el propósito de darle el visto bueno a la construcción de la capilla central y al cambio de lugar de la cruz que ocupaba el centro de lo que fue inicialmente el campo santo, se me sugirió una breve reseña.

Para recordar el ayer, hay que empezar desde el amanecer y dar un vistazo retrospectivo y encontrarse con aquellos y aquellas personas descalzas, que nacieron, vivieron y murieron en el “Valle de la Quebrada Seca”, o en el distrito de San Joaquín, que tuvieron la visión y la entereza de legar la  joya  del Cementerio a las generaciones del cantón de Flores.

Finalizando el siglo XVIII una epidemia obligó a las autoridades a sepultar los difuntos en la parte norte de la entrada principal de lo que es hoy el cementerio actual pues no había tiempo ni recursos para llevarlos a Heredia como era la costumbre.

Esto era un terreno baldío.  A partir de entonces la comunidad que ya empezaba a crecer una vez que pasó la crisis epidémica, se enfrentaron entre sí.  Unos en seguir llevando los muertos hasta Heredia y otros en oficializar esta tierra como el cementerio propio.

Los pueblos se regían por las familias “Caciques”, estas decidían por todos, en todo.

Dos jefes o cabezas de familia disputaron las dos opciones, al final aceptaron que aquella familia a la que se le muriera un miembro primero llevaría a sepultar a aquel ser querido con bombos y platillos, al lugar escogido por él.  Unos días después, moría una nieta de quien optó por que el cementerio fuera donde está (el nombre de esta niña era María Felipa).

Al final todos se unieron y en 1900 se concluía la fachada también de piedra como la del templo parroquial.

Con el tiempo se hizo pequeño, entonces, Don Trinidad Rodríguez regaló el terreno del lado sur.  En 1910 el terremoto daña una parte de la fachada.  Desde 1916 la Municipalidad de Flores estuvo a cargo del mantenimiento.  En 1948 se le encargó a una junta de protección social que le otorgó todo el poder de decisión a Don Julio Barrantes Madrigal (qdDg), los logros fueron muchos, hombro a hombro con Don Leovigildo Leitón Sánchez, también fallecido.

De allí en adelante, algunas municipalidades han tomado el cuido del cementerio, otras lo delegan a una junta exclusiva.

Esta primera junta ordenó y reglamentó a tal punto que dividió en cuadros todo el campo y a cada uno le dio el nombre de un título de María:  María del Rosario, María del Socorro, María de los Dolores, María de los Ángeles y María de las Mercedes.

Otra junta les puso el nombre de algunos cantones de la provincia:  Santo Domingo, San Rafael, Santa Bárbara, San Bartolomé y San Isidro.

Una de las primeras personas que fueron sepultadas fue un señor de apellido Víquez Víquez, oriundo de Mercedes de Heredia, sobre su tumba pusieron una mole y una cruz de mármol de peso y valor incalculable.  Directamente de su familia no había nadie más sepultado aquí.  En los años 60’s la Municipalidad de Flores  nombra otra junta para que velase por el cementerio, la cual fue integrada por Don Carlos Luis Víquez Campos, Don Reynaldo Soto Alfaro, y quien suscribe estas líneas.  Entre otras cosas se tomó el acuerdo de visitar a los deudos del señor Víquez y pedirles nos regalaran el pedestal y la cruz de mármol para colocarla en el centro del campo santo, con el compromiso de guardar con respeto los restos de aquel señor, si es que aún había algo, se nos regaló.  Cabe destacar que en este cementerio y como siguiendo su labor de guía, reposan los restos del presbítero Salomón Valenciano que fuera cura párroco de 1933 a 1948, falleció el 6 de enero de 1949.

La comisión de entonces (2002-2006) en virtud de que el cementerio se amplió hacia el oeste y con otro nivel decidió trasladar la cruz al fondo y en su lugar, se construye  la capilla para celebrar misa, propicio para el rezo, o  “aguarecerse”  del sol y del agua, además con luz por si fuera de noche.

La Municipalidad y  la comunidad de Flores merecen el reconocimiento de mantener este Camposanto, asimismo el Club de Leones de San Joaquín quien ha colaborado en mejoras,  será la historia quien la haga, pues esto es solo una pincelada arrancada a las arrugas del tiempo.

Así aunque el destino final nos aterra,  un lugar digno nos permitirá reposar el sueño eterno.”

One Response to Historia del Cementerio de San Joaquín de Flores

  1. Oscar Ramírez Arias dice:

    Valga agregar un pequeño comentario,con el único fin de que se investigue un poco más:Nos contaba mi tia abuela Mariana Ramírez Alfaro,nieta del Sr Juan Alfaro Murillo,(bisabuelo nuestro)que la persona que murío para ser sepultada fue una hija del citado Sr Alfaro,esto terminó con el diferendo,lo anterior conforme a la recomendación del Sr. obispo,de ese entonces

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