Homenajeada por APROMUJER. Constructora de esperanzas y oportunidades

Xinia Bustamante C.

Para El Florense

Lourdes Montero Gómez encontró su vocación en  la educación y en ésta descubrió una misión, abrir caminos de oportunidades para aquellas personas necesitadas de una mano solidaria.

Siendo la mayor de 13 hermanos, Lourdes, enfrentó una vida de limitaciones económicas con trabajo y esfuerzo para alcanzar sus objetivos. Su infancia transcurrió en una época en que recién se alcanzaba la paz mundial y el mundo comenzaba a recuperarse de la crisis económica. En su hogar nunca faltó el cariño y la unidad familiar. “Fueros días bellos de jugar entre cafetales, bejucos y rayuela”. Pero además, las obligaciones como hija mayor también la ocupaban en apoyar a su madre, especialmente cuando llegaba un nuevo hermano. “Recuerdo ver a mi madre blanquear las mantillas que se hacían de sacos de manta en los que venía la harina o el azúcar”. Su papá ganaba poco como maestro de obras del Ministerio de Transportes, así que para alimentar una familia tan grande era difícil, pero aprovecharon los productos que daba la finca de su abuelo. “Siempre tuvimos yuca, chayote, ñampí y tacacos. Mamá nos hacía picadillo de verdolaga”. “Era una pobreza con mucha riqueza”. Para redondear los ingresos familiares, su madre decidió hacer tortillas y otros productos de maíz, lo que hoy se conoce como microempresa. “Nosotros vendíamos tortillas, tamal asado, pan y cajetas”. Pero aún con las limitaciones, su padre y su madre se preocuparon porque asistieran a la escuela. “Recuerdo como forrábamos el cuaderno con la envoltura del pan, el bulto mi mamá lo hacía de manta, teníamos un lápiz, una pluma y un tintero”. La situación económica se puso tan difícil, que como hija mayor debió salir a trabajar. “Me dieron trabajo en la Soda de Paco Alfaro en el Mercado central de Heredia”. Este lugar fue un espacio de aprendizaje para Lourdes y su oportunidad para alcanzar su meta de ir a la universidad. Su aprecio por los mercados es tan grande que cuando viaja lo primero que hace es visitarlos, “son centros de reunión de pobres y ricos, de agricultores y profesionales de barre caños y adinerados”

 Ese trabajo le abrió a la joven barveña nuevos proyectos, lo que la llevó a estudiar en el colegio nocturno Alfredo González Flores “Tuve un director, don Rogelio Chacón, que fue un papá para cada estudiante. Siempre vigilante y atento. Y los profesores, excelentes”. Durante ese periodo de estudio, mientras Lourdes laboraba en la soda, sus dos hermanas ayudaban a su madre con la producción de tortillas. Las tres hermanas siguieron los estudios en la universidad y se graduaron, Lourdes se convirtió en educadora.

“Desde que se cerró la Escuela Normal, la formación quedó en otras manos y desafortunadamente hoy quienes enseñan les falta mística y vocación, la educación hoy es más mercantilista”. “Se observa desde el simple hecho de cómo se visten algunos docentes y el descuido personal en muchos. Se ha olvidado que la escuela es un templo. Añade que, antes se identificaba a un niño con problemas de aprendizaje o rendimiento y se le daba dedicación. Pero los padres y madres también tienen otra cuota de responsabilidad. “Muchos no acompañan a sus hijos e hijas, pues depositan la responsabilidad en el centro educativo”.

Lamenta que todavía hay gente que no valora el trabajo de la educación comunitaria, al punto que existe interés de cerrar estos centros educativos. Lo cual es contradictorio pues la propia UNESCO ha reconocido el valor de los IPEC en la educación de adultos y la declaró en 1986 “Escuela Asociada a la UNESCO”. Recuerda con mucho agradecimiento que doña Vivían Rivera Solís, madre del Presidente, en su función de Secretaria Permanente de UNESCO-Costa Rica, conoció el IPEC. “Ella me dijo que tenía que ir a Filadelfia en Estados Unidos, porque ahí está la escuela de las oportunidades, que es ver a este IPEC. Ella fue nuestra amiga y aliada hasta el día que murió”. Doña Lourdes recibió en 1991, el Premio Mauro Fernández Acuña, “por su profusa y fecunda acción pedagógica en beneficio de hombres, mujeres, jóvenes y adultos, obreros trabajadores, jóvenes excepcionales”

Con su empeño, inteligencia y profesionalismo, construyó caminos de oportunidades de educación y capacitación e hizo del IPEC un modelo digno de imitar  por parte de otras instituciones.

Pero su espíritu de servicio también se ha proyectado en otros espacios comunales, en donde ha contribuido con obras sociales y comunales para el bienestar de su cantón lo cual también fie reconocido en el 2001, declarándola hija Predilecta del cantón de Barva.

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