Dejar huella…

pag, 20 Juan Carlos

Licenciado Juan Carlos Carranza Hidalgo

jcarranzahidalgo1015@gmail.com

Ciertamente que el paso por este mundo para todo ser humano, puede resultar efímero, o largo para algunas personas donde la longevidad les llega para el “sprint” final en esta carrera denominada, vida. En la película “En búsqueda de la felicidad”, que relata la historia de la vida real de un hombre, Chris Gardner, personificada de brillante actuación por el actor estadounidense Will Smith, se observa durante la cinta como en diversas escenas se conjugan un conglomerado de emociones, cifradas en la constante lucha del diario vivir, la perseverancia por salir adelante, la importancia de ver los hermosos detalles en las cosas pequeñas, el saber que el afán por superarse, tarde o temprano conlleva al éxito, si se lucha por alcanzar lo que se quiere, tal y como lo menciona el personaje principal del drama en una de las frases: “… Si quieres algo sal a buscarlo y punto”.

Ahora bien, probablemente los mismos trofeos, medallas, títulos y tantas “conquistas” que se hayan obtenido a lo largo de los años, no les tocara otro destino más que guardar polvo y herrumbre por un largo tiempo…¿y eso es todo? ¿Será suficiente? o acaso la memoria alcanzara para recordar el nombre del deportista que gano la maratón de los Juegos Olímpicos del año… (cualquiera que dicte nuestra mente en este momento) celebrado en alguna ciudad del globo terráqueo, o acaso estará tan fresco el recuerdo de quienes hoy solo representan un renglón en la página de algún libro de historia, consumado en el olvido, y tan sólo atrapado por el recuerdo. De seguro la mente de toda persona alberga en su memoria, más que lo tangible o aquello que haya representado algún episodio en nuestra vida, y se quede registrado en un “archivo” que proyecte imaginariamente nuestra pupila. La huella al quedarse impregnada en la arena, cuando el paseo por la playa parece ser la mejor forma de disfrutar el paraje que rodea el esplendor del momento, al son del sonido de las olas golpeando en la orilla del mar, quedando marcados los pasos, que delatan cualquier camino recorrido. Así también se torna nuestro andar por esta vida, no determinado por la carrera alcanzada, o el trabajo que hayamos tenido, ni la bóveda de dinero que se haya construido, cual magnate del turbante blanco, con “lotes” situados en alguna Isla del Pacifico, y como móvil un yate para anclar en dicho lugar. Dejar huella, es dejar la marca de nuestro sello, donde nuestros pies se dirigen con paso firme por este peregrinaje terrenal, lleno de personajes misteriosos, aguardando caminos largos y angostos, cual pintoresco largometraje en la tierra de Oz. Ciertamente que al estar frente a frente con el Padre Celestial, este no nos preguntará cuán grande fue la casa que nos llevó tantos años construir, o la ropa de linaje que cubrió nuestra piel, ni los manjares o suculentos platillos que ocuparon un lugar en la mesa de algún avión o crucero, con visa a un lugar paradisiaco, tal vez las preguntas serán: ¿Cuántas personas albergaste en tu casa? ¿A cuántas personas necesitadas vestiste? ó ¿A cuántas personas diste de comer? entre otras, que ciertamente escapan al ojo humano. Ser errantes por la tierra, no tiene sentido, si no hay un propósito,  no para ser recordado por lo que tuvimos o fuimos, sino por lo que hicimos por otros y por nosotros mismos, impregnando con marca indeleble con tinta de nuestros días, nuestro paso por la vida, dejando huella.

. En la película “En búsqueda de la felicidad”, que relata la historia de la vida real de un hombre, Chris Gardner, personificada de brillante actuación por el actor estadounidense Will Smith, se observa durante la cinta como en diversas escenas se conjugan un conglomerado de emociones, cifradas en la constante lucha del diario vivir, la perseverancia por salir adelante, la importancia de ver los hermosos detalles en las cosas pequeñas, el saber que el afán por superarse, tarde o temprano conlleva al éxito, si se lucha por alcanzar lo que se quiere, tal y como lo menciona el personaje principal del drama en una de las frases: “… Si quieres algo sal a buscarlo y punto”.

Ahora bien, probablemente los mismos trofeos, medallas, títulos y tantas “conquistas” que se hayan obtenido a lo largo de los años, no les tocara otro destino más que guardar polvo y herrumbre por un largo tiempo…¿y eso es todo? ¿Será suficiente? o acaso la memoria alcanzara para recordar el nombre del deportista que gano la maratón de los Juegos Olímpicos del año… (cualquiera que dicte nuestra mente en este momento) celebrado en alguna ciudad del globo terráqueo, o acaso estará tan fresco el recuerdo de quienes hoy solo representan un renglón en la página de algún libro de historia, consumado en el olvido, y tan sólo atrapado por el recuerdo. De seguro la mente de toda persona alberga en su memoria, más que lo tangible o aquello que haya representado algún episodio en nuestra vida, y se quede registrado en un “archivo” que proyecte imaginariamente nuestra pupila. La huella al quedarse impregnada en la arena, cuando el paseo por la playa parece ser la mejor forma de disfrutar el paraje que rodea el esplendor del momento, al son del sonido de las olas golpeando en la orilla del mar, quedando marcados los pasos, que delatan cualquier camino recorrido. Así también se torna nuestro andar por esta vida, no determinado por la carrera alcanzada, o el trabajo que hayamos tenido, ni la bóveda de dinero que se haya construido, cual magnate del turbante blanco, con “lotes” situados en alguna Isla del Pacifico, y como móvil un yate para anclar en dicho lugar. Dejar huella, es dejar la marca de nuestro sello, donde nuestros pies se dirigen con paso firme por este peregrinaje terrenal, lleno de personajes misteriosos, aguardando caminos largos y angostos, cual pintoresco largometraje en la tierra de Oz. Ciertamente que al estar frente a frente con el Padre Celestial, este no nos preguntará cuán grande fue la casa que nos llevó tantos años construir, o la ropa de linaje que cubrió nuestra piel, ni los manjares o suculentos platillos que ocuparon un lugar en la mesa de algún avión o crucero, con visa a un lugar paradisiaco, tal vez las preguntas serán: ¿Cuántas personas albergaste en tu casa? ¿A cuántas personas necesitadas vestiste? ó ¿A cuántas personas diste de comer? entre otras, que ciertamente escapan al ojo humano. Ser errantes por la tierra, no tiene sentido, si no hay un propósito,  no para ser recordado por lo que tuvimos o fuimos, sino por lo que hicimos por otros y por nosotros mismos, impregnando con marca indeleble con tinta de nuestros días, nuestro paso por la vida, dejando huella.

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