Economía Ecológica para el Siglo XXI

Lic. Juan José Acuña Leandro

Abogado y Profesor Universitario

E-mail: jacunacrt@gmail.com

 

En mi época de niño recuerdo caminar por el valle central y ver  un paisaje aunque urbano, rodeado de muchos cafetales y zonas verdes. Existía si bien es cierto, algunos residenciales en construcción pero  aun así, no  nos faltaba el agua en época de verano ni sufríamos  recortes de agua durante el día. Hoy  vuelvo mi mirada y  puedo ver como ese paisaje ha cambiado. Esos cafetales que solía admirar ya no están más porque han sido ocupados por condominios, malls residenciales, centros, y edificios.   Ante una nueva economía  y forma de globalización,  pienso en la importancia de una economía  dentro de una ecología que piense en el futuro y nos  permita  un desarrollo económico  que respete el medio ambiente.

Pero cómo podemos  pensar en sobrevivir de esa manera en este siglo? Para ello debemos empezar a pensar en tener una vida digna con respeto al desarrollo humano y ecológico. De ahí que pueda surgirles la pregunta de qué es el derecho al desarrollo? Pues bien, es un Desarrollo  Humano inalienable, en virtud del  cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar, en un desarrollo económico social, cultural, y político; en el que puedan realizarse  plenamente todos los Derechos Humanos y libertades fundamentales, y contribuir con ese desarrollo integralmente, y así disfrutar de él. Implica también la plena realización del derecho de los pueblos a la libre determinación que incluye el ejercicio de su derecho inalienable a la plena soberanía de todas sus riquezas y recursos naturales. “La persona humana es el sujeto central del desarrollo y debe ser el participante activo y el beneficiario del desarrollo” (ONU, 1986).

Ante esa declaración, no me cabe duda de que el ser humano debe ser partícipe del desarrollo con un valor de amor y cuido a  la ecología ante un modelo de globalización tan expansivo,  iniciando por cambiar hábitos de desperdicio y mal manejo de los recursos. Le invito a que recicle, seleccione los desechos de su hogar en orgánicos  y no orgánicos, use bolsas para hacer sus compras, que pueda volver a usar. Cuando se lave los dientes no deja el grifo abierto, y empiece por utilizar el agua racionalmente. Nuestras pequeñas acciones son las que puedan iniciar un cambio  positivo ante un desarrollo que no se detiene, comprometámonos más con el medio ambiente ante una economía que sea más ecológica y ante un nuevo siglo donde somos  los únicos beneficiarios por nuestros propios compromisos.

En el mundo, hay personas que acumulan riquezas ya no de oro ni de petróleo, sino de agua. Si no defendemos un desarrollo sostenible, pronto el agua será inalcanzable. Cuidémosla, pues debemos de quitarnos de la mente lo que algún día nos dijeron de pequeños en la Escuela, con respecto a que el agua era un recurso “inagotable”. Debemos además reducir nuestra huella ambiental, entendiendo esto como una neutralización en la marca que dejamos en el medio ambiente a causa de la globalización.

Aunque suene “trillado”, recordemos que no tenemos a dónde más ir. Aquí vivimos todos, y seguiremos todos viviendo; cómodos o no pero aquí nos quedamos.

No deje todo en manos de otros, pues el otro puede que esté dejando todo en manos suyas. Repartámonos la tarea, y juntos démoslo todo. No importa tanto lo poco o mucho que hagamos  mientras hagamos algo; pero lo cierto debemos colaborar ya hacia un mejor desarrollo en pro de nosotros mismos, así como de nuestros hijos y nietos.

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