El principal dolor de Costa Rica: El Desempleo

 

 

Edgar Oviedo Blanco

Ingeniero y Doctor en Informática

Profesional, Empresario y Profesor Universitario

A diario escuchamos, cada vez con más frecuencia, que nuestro país tiene muchos problemas pendientes de ser resueltos.  Desde la persona adulta mayor hasta el niño o joven que apenas empieza a tomar consciencia del entorno socio-económico en que vivimos, todos tenemos nuestra lista de temas que consideramos que deben ser atendidos por quienes administran nuestra querida Costa Rica.

Si nos sentamos a analizar de manera exhaustiva los principales asuntos que adolece Costa Rica, es muy probable que al final logremos coincidir en buena parte de ellos.  Y si empezamos por lo primordial en toda sociedad basada en una economía capitalista como la nuestra, de inmediato identificamos nuestra mayor dolencia: el desempleo.  En general, el ciudadano costarricense (salvo los casos privilegiados que no lo requieren) vive de los ingresos que percibe como fruto de su trabajo.  No importa si es en el sector privado o público, el salario representa para la inmensa mayoría de los costarricenses su principal fuente de ingresos, ese flujo de dinero que recibe mes a mes y que le permite sobrevivir e intentar vivir bien junto a los suyos.

El empleo no es un concepto independiente; por el contrario, está sumamente ligado a un concepto más amplio que es la economía de un país.  Por ello, para hablar de empleo es necesario hablar antes de economía.  Dependiendo de las posiciones e ideologías, habrá quienes aboguen más por una economía más liberal, más abierta, basada en la libre competencia, sin proteccionismos de ningún tipo, que simplemente facilite las cosas para que quien desee hacer negocios los haga, y con ello – según su teoría – genere muchos empleos.  Por otro lado habrá quienes apoyen un modelo económico más rígido, con más controles y por ende con menos flexibilidad, con mayor intervención estatal para intentar garantizar – según su teoría – un balance entre libre competencia y la igualdad de oportunidades entre grandes y chicos, apoyado en el cumplimiento de reglas y restricciones comerciales.

Durante las últimas décadas, indistintamente de los partidos políticos que han gobernado el país, la economía de Costa Rica ha sido – a mi criterio – balanceada y relativamente estable, lo cual ha brindado seguridad y posibilidades de crecimiento a muchas micro, pequeñas y medianas empresas nacionales (que son las que generan la mayoría de empleos en este país) a la vez que ha propiciado un entorno favorable para la llegada de muchas empresas generadoras de empleos, usualmente mejor remunerados.  Tanto las PYMES como las empresas trasnacionales, así como el Sector Público (que en Costa Rica es muy relevante por sus más de 330 instituciones generadoras de empleos), permiten que se fortalezcan las cadenas de valor; es decir, si gano bien estoy en capacidad de generar bienestar a otras personas.

Entonces, a simple vista pareciera que no existen causas muy evidentes, al menos derivadas del comportamiento económico en nuestra historia reciente, que justifiquen el alto nivel de desempleo que vivimos en nuestro país, un país productor y exportador por excelencia.  ¿Qué pasa con el empleo en Costa Rica?  ¿Por qué hoy por hoy nos acercamos peligrosamente al 10% de desempleo entre las personas económicamente activas?  ¿Por qué hay tanta gente con empleo informal “pulseándola” para vivir?  Más allá de las causas, ¿qué se debe hacer para revertir esta tendencia?

Cuando analizamos más a fondo este tema del empleo se empiezan a evidenciar varios detalles que merecen nuestra atención.  Vemos por ejemplo que en Costa Rica la fuerza laboral está conformada por cerca de dos millones de personas, y de éstas más de 850.000 están en el sector informal (superior a un 40%).  De esas personas con empleos no formales, cerca de 350.000 son mujeres, de las cuales muchas son cabeza de hogar y por su condición de mujeres reciben injustamente – en promedio – ingresos menores que los hombres (algo inaudito desde cualquier óptica, pero real).

¿Qué hacer ante esta situación que vulnera nuestra estabilidad económica y con ello nuestra paz social?  Desde mi perspectiva, debe mantenerse la línea que fomenta un balance económico, es decir, impedir que todo sea “por la libre” pero sin “amarrar” la economía a base de restricciones y hasta privilegios para ciertos sectores.  Debe seguirse fortaleciendo tanto la educación técnica como la vocacional impulsando en paralelo el emprendedurismo, para que cada vez más costarricenses generen muchas nuevas empresas que les propicien bienestar a sus dueños, a la vez que generan más y mejores empleos.  Debe allanarse el camino para que quien desee emprender un negocio lo haga sin excesos burocráticos, cumpliendo solamente con lineamientos básicos que le permitan salir al mercado cuanto antes (algo vital en una economía tan acelerada y dinámica como la actual).

Tenemos talento en Costa Rica, eso nadie lo duda.  Permitamos entonces a esas personas talentosas que así lo deseen desarrollar y explotar también sus habilidades empresariales.  Fomentemos los emprendimientos, propiciemos los encadenamientos productivos entre las PYMES pero a la vez busquemos la manera de que puedan establecer vínculos con las empresas que realizan fuertes inversiones en nuestro país.  Distribuyamos mejor la inversión extranjera directa (IED) y generemos nuevos focos productivos y exportadores.  Dejemos atrás esa barbaridad de que el 95% de nuestras exportaciones se producen en el 5% de nuestro territorio.  ¿Dónde está escrito que debe ser así?

El emprendedurismo, debidamente instrumentalizado e impulsado desde el Gobierno, es desde mi perspectiva una de las principales armas para luchar contra ese altísimo índice de desempleo del que hoy adolece Costa Rica.

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